"Eres el dueño de tu vida y tus emociones, nunca lo olvides. Para bien y para mal".
EL PRINCIPITO
Hoy, estrené mi primer Podcast en Spotify: ¡Te invito a leer! La clásica sección de Instagram profe_y_lectora ahora la encuentras en esta plataforma. Aunque de una manera muy rústica puedo desarrollar otra de mis pasiones: la lectura. De hecho, el primer audio es el texto El amor y la muerte de...adivinen qué autor... ¡Sí! Luis Sepúlveda. Es que esto para mí ya cobró tintes divinos porque pensaba en Rebelión en la Granja como primera opción, sin embargo, el gato Zorbas, el personaje de la novela (ayer comentada) se interpuso con sus garras, dejándome en claro que no es puramente ficción. No quiero detenerme en la trama para que busquen el Podcast y comenten qué les ha parecido, ¿continúo con esta veta o me dedico a solo a leer? ¡Ja!
En fin, vuelvo al centro de este día, ya que deseo cerrar este ciclo místico literario con unas palabras que nacieron, humildemente, al enterarme que Luis Sepúlveda había fallecido y, además, en el extranjero. Un texto que releyéndolo ¡da vergüenza!. Tuve que corregir mil faltas y sé que todavía podría corregir aún más (pues acá derribo un mito: los profes de castellano no somos diccionarios vivientes. Ja, ja, ja), empero, creo que perdería la magia si continuo con el afán detectivesco. Este trabajo nació como un grito emanado del alma, para que TODO EL MUNDO, PARA QUE CHILE no olvidara a este escritor -y, consideren que todavía no conocía a Zorbas novelístico-. o si no dejaba la tendalada con las letras.
Bueno, sin más preámbulos, los invito a pasar a mi corazón:
YO
ESTUVE AQUÍ
Marginal, desde una
definición simple, sencilla y letal, es un adjetivo que significa estar al
margen. No pertenece a lo más importante; al centro. No quiero detenerme en
preguntas filosóficas, pero es casi imposible no cuestionar: ¿quién decide
marginar?, ¿por qué se permite esto en una sociedad?, y, los que todavía no
somos marginados (o por lo menos no conscientemente), ¿qué es lo que hacemos
frente a esta situación?
Bueno, hubo alguien
que sí se detuvo en este punto: Luis Sepúlveda. Él escribió desde su propia experiencia acerca de aquellos, que sin voz, han sobrevivido a esta marginalidad histórica, a veces
fría, solitaria o en compañía pero sin dejar de ser en ningún instante marginalidad. Historias Marginales se publica en el año 2000, con el escritor viviendo la
marginalidad en el extranjero aunque siempre cercano a
Chile. Y, es de este libro, precisamente, que quiero escribir.
No sé bien cómo
llegó a mi vida o cómo yo llegué a sus páginas (no es la primera vez
que ocurre algo similar), pero sé muy bien el lugar en dónde este estaba. Un
sitio que también lo marginaba, pues no estaba considerado entre los best seller. Una librería en el segundo piso
del Mercado techado de Chillán. ¡Fue una ganga!, para una universitaria con
pocos recursos encontrar libros rebajados, es una emoción similar a encontrar
dinero en una cartera o abrigo sin esperarlo. Ahora bien, la razón de la
compra, simplemente se reduce al precio y el título; al final, siempre es el
título. Es que poco y nada sabía de Luis Sepúlveda, ni siquiera todavía, varios
años después de esta compra, he podido recordar y asociar correctamente si es
el gato quien le ensaña a volar a una gaviota o es una gaviota que le enseña a
maullar a un gato. ¡Así de trágico y patético! Perdón por la sinceridad… es que
siento que luego de la re - lectura de este libro, puedo expresar mis emociones libremente.
No obstante, el
propósito de estas líneas es comunicar lo que marcaron en mí las palabras de
Sepúlveda con este compilado de relatos de hombres y mujeres golpeados por la
marginalidad; personas que comparten este dolor universal. Comienza con el brutal recorrido de Luis Sepúlveda por el campo de concentración Bergen
Belsen en Alemania. Fosas comunes donde yacen las miles de víctimas del horror
de la Guerra Mundial. Buscaba a la pequeña niña que nos heredó la certeza de que la
palabra escrita es el mayor refugio porque sus piedras están unidas a la
memoria. Buscaba a Ana Frank (un dato: gracias a ella y a unas páginas del texto del
estudiante en 8° básico es que inició mi pasión por los textos íntimos: diarios de
vida y epístolas. En otro instante me detendré en estas líneas).
Luis, no la encontró
porque a los verdugos no les bastaba la muerte física, sino que además
incorporaban el anonimato para sepultarlos definitivamente en el olvido. Sin
embargo, este gélido trayecto no fue en vano. En una piedra encontró grabadas
las siguientes palabras “yo estuve aquí y nadie contará mi
historia”. Imagino el grado de angustia,
rabia, frustración y pena de quien dejara este grabado. ¿Creería en los milagros? Años después, estas impactantes palabras marcaron el inicio de un libro, de un
tesoro. Luis, no sabía quién lo había escrito,
pero sus manos querían ser el instrumento para que dejaran el anonimato.
Este fue el primer aspecto que me intrigó en la narrativa de Sepúlveda: la
capacidad de hacer visible lo invisible por medio del rescate de diversas
conversaciones con sobrevivientes del holocausto y otras amargas experiencias. El segundo, tiene relación con un personaje,
hasta hace unos días desconocido para mí (pido nuevamente disculpas por mi vago
conocimiento sobre Historia) que dijo “un muerto es un escándalo, mil muertos una
estadística”. Goebbels, fue un político alemán que ocupó el cargo de ministro
de propaganda y de información de Hitler. ¿Propaganda?, ¿es que puede existir
un ministerio y ministro con tan pérfidas cualidades?, ¿o es que recién me
percato de esto?
El poder de la
palabra… Goebbels, era un brillante orador que pudo utilizar esa virtud para
unificar, mas las utilizó para transmitir una nefasta ideología a través del
discurso. Falta mucho conocimiento de mi parte respecto a este punto. Existen muchos
aportes e investigaciones como las otorgadas por Teun Van Dijk, por si desean
indagar un poco más. Como solo un botón
de muestra de este poder se registra que “tal era la fe del pueblo alemán en
las palabras de Goebbels que en los últimos días de la contienda, cuando la
derrota era inminente, hizo creer a la gente a través de enfervorecidos
mensajes radiales, que la victoria aún era posible”.
Este libro nace en
respuesta a la gran pregunta de Luis Sepúlveda, ¿qué puedo hacer yo para que
esto nunca vuelva a repetirse? Esta es la matriz de los relatos marginados de
este libro como por ejemplo: Shalom, Poeta, relato que hiela ya que el protagonista luego de
cavar su propia tumba reflexiona poetizando, ¿si un gusanito no se rinde a la
azada?, ¿eres tú acaso menos que un gusano? Y, desde la tumba, sobrevive
literalmente; Los Mellizos Duarte, relato trágico que se reencarna gracias a
la magia del circo; Coloane, este hombre corazón de contador de historias,
marginado por los críticos literarios, acogido por otros miles de marginales.
Francisco Coloane, a quien desde ahora me atrevo a llamar Pancho, aunque ni
siquiera lo haya conocido, porque soy amiga en estas líneas; otro texto sobre un
compatriota y colega ¡Salud, Profesor Gálvez!, quien nos
enseña que nuestro idioma es nuestra patria. E imposible dejar de lado a El Señor
Nadie, la historia que comienza con un niño de siete años quien, cazado
por el terror, se sumergió en el silencio que le duraría tres décadas. Federico
Nadie, siendo apenas un niño, luego de muchas torturas, fue considerado un
enfermo mental para que así su cuerpo prestara servicios al desarrollo
científico del Tercer Reich. Lo consideraron un conejillo de indias hasta que
los aliados lo encontraron al borde de la muerte por inanición, ciego y
castrado. Estos son solo algunos de los relatos que nos ha legado para la
eternidad Luis Sepúlveda, relatos didácticos que no solo debemos leer a la
ligera sino comprender y llevar a la práctica. Un marginado que ha regresado a casa, por fin.
Él estuvo aquí y sí
contarán su historia; contaré su historia para que nunca más existan marginados; para que no volvamos a marginar. Ahora te ha recibido Zorbas, el gato más
noble, ronroneando.
Los leo pronto,
Profe y Lectora