"SOLO VUELA EL QUE SE ATREVE A HACERLO"
Zorbas
Mi papá nos solicitó a mi madre y a mí que lo acompañáramos en su jornada laboral, ya que su auto se había descompuesto. Esta noticia la recibía a las 8:00 h en ¡vacaciones! En fin, con no muy buena cara de mi parte (literalmente), iniciamos la ruta. Pero antes, presintiendo la infinidad de caminos por recorrer en pleno campo, procuré ir bien equipada. Debo sincerarme con ustedes en este punto: busqué el libro más "viejo" y no leído hasta el momento (sí, merezco su reproche), es que sin afán de justificarme las condiciones no eran las adecuadas para un libro nuevo (considerando lo caros que son en Chile).
Encontré el título que jamás antes había sido capaz de pronunciar en el orden correcto; un libro que, honestamente, no sé si lo compré en alguna ferie mientras estudiaba en la universidad (pues antes de esta etapa de mi vida los libros fueron muy escasos) o resultó un regalo: Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar.
Cuando nos detuvimos en la primera parada, acomodé mi asiento del auto y ¡Boom! El pequeño gatito que parecía carbón por lo negro, cautivó mi corazón. Aunque, rápidamente descubrí que este gato no era tierno o mal humorado (auto prejuicio ante estos animales), más bien contaba con tintes bien "chilensis". La narración me absorbía. Zorbas, el gato "grande, negro y gordo" daba clases de lo que significa cumplir una promesa (o más bien tres), independiente de las complejas circunstancias, maúlla que no existen pretextos, que la palabra dada "vale oro" y esto ocurre durante toda la novela. ¿Las promesas son relevantes en este siglo?
Segunda parada; final de la lectura pues las páginas vuelan (solo el libro concluía puesto que el trabajo de mi padre no se detuvo hasta pasada las 20:30 h. Un nuevo prejuicio se derribaba ante mis ojos. Algo en mi interior se comprimía al contemplar el sacrificio de este hombre por subsistir; dar la pelea ante el campo q no siempre es amigable; ante la imponente presencia del sol; ante los rastros de tierra en las manos). Pero, volviendo a la novela, el gato Zorbas como un verdadero héroe, es consciente que para llevar a buen puerto la misión encomendada por aquella gaviota moribunda, no bastaban sus cuatro patas; por ello, recurre sin dudar a sus amigo (Secretario, Sabelotodo, Barlovento y Colonello). Inclusive, en más de una ocasión pone en riesgo su vida con tal de brindar seguridad a Afortunada (dejo en secreto quién es este personaje para que se animen a leer o releer, porque la curiosidad...lleva a muchos libros).
Mientras tanto yo finalizaba en voz alta la novela gatuna. Mi madre escuchaba (se han intercambiado los papeles de la niñez), ella fue testigo única de cómo se quebraba mi voz al momento de llegar a las últimas páginas. Lloré por tercera vez ante un libro: la primera, al leer horrorizada como Héctor moría ante la furia de Aquiles; la segunda a causa de la narrativa de Hernán Rivera Letelier frente a la espeluznante matanza de la Escuela Santa María, pero esta vez, lloré de alegría.
Personalmente, si tuviera que detenerme en un detalle, sería sobre el diálogo final entre Zorbas y Afortunada. Tal vez es un regalo más del escritor para que construyamos futuras visitas entre estos memorables personajes.
Gracias a esta lectura menospreciada, me he convencido que nada es al azar, absolutamente nada. Lo que fue una elección basada en apariencias, me ha cambiado el corazón. Una capa del hierro que cubre mi corazón, hoy, se ha caído y, por supuesto, corroboro que un libro es SIEMPRE una excelente compañía.
Luis Sepúlveda entrega un hermoso y preocupante mensaje a la vez: la necesidad de cuidar el medio ambiente, de cuidarnos, antes de que sea tarde. ¿Lo escucharemos a tiempo?
Para finalizar y desear buenas noches, comparto uno de mis episodios favoritos de la novela:
"-Me da miedo volar- graznó Afortunada incorporándose.
-Cuando eso ocurra yo estaré contigo- maulló Zorbas lamiéndole la cabeza-. Se lo prometí a tu madre.
La joven gaviota y el gato grande, negro y gordo empezaron a caminar. Él lamía con ternura su cabeza, y ella le cubrió el lomo con una de sus alas extendidas".
Los leo,
Profe y Lectora

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